28 de diciembre de 2020

COLSON : Del turismo y el imaginario de lo mexicano en Álamos, Pueblo Mágico

Sin duda alguna la ciudad de Álamos es un punto turístico importante en el estado de Sonora y así lo ha sido desde antes de su nombramiento como Pueblo Mágico de México en el año 2005. 
Desde mediados de los años cincuenta, el camino de la carretera internacional que viene desde la frontera con Nogales y conecta por Navojoa, hizo a éste un lugar de paso obligado, después de su descubrimiento por una ola de exploración migratoria, que después de pocos años se convertiría en turismo residencial de esa región. 
Ya para los años ochenta se contaba con una colonia de norteamericanos viviendo de tiempo completo en el pueblo de Álamos, adquiriendo residencias y haciendo adecuaciones y reconstrucciones a su gusto y criterio en los inmuebles ubicados principalmente en el centro histórico de la ciudad. 
Por parte del programa federal Pueblos Mágicos, ha sido su labor el aprovechar esa cresta turística y contribuir en su impulso. La ciudad de Álamos no se considera parte del turismo tradicional; en la mayoría de los casos, el turismo en Sonora se enfoca a la actividad recreacional de tipo de mar y sol, debido a sus cálidas y numerosas playas. 
Pero en Álamos se da cuenta de un turismo de tipo residencial, ese que adquiere inmuebles en el lugar vacacional y que, incluso, encuentra una oportunidad empresarial en esos edificios al reconstituirlos como hoteles. 
La mayoría de estos hoteles, de propiedad de extranjeros norteamericanos, se encuentran en el área centro de la ciudad, también delimitada y declarada como Zona de Monumentos Históricos por el gobierno federal a partir del año 2000. 
 Al no contar con playa cerca, ni otro tipo de foco de atención del convencional turístico, el mayor atractivo es precisamente esa zona de monumentos; la vista y ambiente de ciudad histórica que otorgan los edificios catalogados como patrimonio de la nación y que dotan al mismo tiempo a Álamos de características únicas en el estado. Sin embargo, uno se pregunta: 
¿Qué es lo que hace que los norteamericanos recorran un viaje por tierra de más de 10 horas, para llegar, asentarse y montar un negocio de hotelería en una ciudad con menos de 30 mil habitantes? 


Este tipo de turismo no tradicional, residenciado y enfocado al consumo de inmuebles históricos para su mercadeo, parece estar interesado en el bagaje cultural de la ciudad, su historia, sus leyendas y tradiciones, y busca, desde su propia colonia de turistas, formar parte de las mismas. 
El programa Pueblos Mágicos abona en la promoción de sus incorporados en la reconstrucción de la añoranza a través de infraestructura y mercadotecnia en los lugares que designa como parte importante de la historia mexicana. En este caso, las características de Álamos convierten al municipio en uno de los nichos del turismo residencial al norte del país. 
Esta praxis hace a Álamos parte del llamado turismo patrimonio –con elementos de autenticidad emergente y escenificada–, y a su vez produce un imaginario social, al que le llamamos imaginario de lo mexicano. Se trata de un imaginario porque se da a conocer a través de prácticas socializadas por un grupo específico de personas, en este caso por la colonia de estos norteamericanos residentes de Álamos, en la compra de casas y su remodelación. 
Este comportamiento ya está siendo objeto de estudio por parte de varios especialistas en los últimos años y es sujeto de investigación por esa casi homologación de lo que se reconoce como lo mexicano en estos hoteles, que también son edificios históricos; unos con más remodelaciones que otros, pero en su mayoría con los mismos elementos repetidos y que se incorporan, como parte de la infraestructura del Álamos de hoy, a partir de la incursión de norteamericanos como habitantes de la ciudad. 
Es en esas representaciones arquitectónicas donde se reconoce el imaginario social de lo mexicano. Es decir, como estos residentes proyectan el imaginario que les comunica, por las experiencias que han tenido con la mexicanidad, el cómo debe lucir el México histórico. 
 De parte de la Secretaría de Turismo y las autoridades del propio municipio, la ciudad de Álamos se conoce como de “estilo colonial en su arquitectura, [cuyos] edificios pertenecen a distintos periodos, desde el siglo XVIII hasta el XX”, por lo que su congruencia con el periodo de edificación, que en sí correspondería al virreinato en México, es un tema de debate. Asimismo, otros temas importantes a discusión acerca de los edificios de Álamos abarcan tanto la forma en el estilo como su originalidad de construcción. 
 ¿Qué tanto pertenece al estilo colonial mexicano y en qué medida corresponde a un sentido de emulación, que evoca lo colonial como estilo, representado por el código norteamericano en México?El imaginario de lo mexicano que reproducen los extranjeros en Álamos corresponde más a las imágenes difundidas de la ruralidad mexicana a través del cine en la época del porfiriato y la fotografía revolucionaria y demás expresiones masivas, posteriores inmediatas a estos periodos. Lo que hoy se configura en los elementos que reproducen ese imaginario están apegados a los arquetipos y estereotípos de lo que se entiende por el México antiguo. 
En los primeros análisis a la tipología de las casas, el cronista de Álamos, Juan Carlos Holguín Balderrama, relata que ninguna de estas edificaciones contaba con ciertos elementos que hoy se encuentran en las propiedades pertenecientes a extranjeros, tales como albercas, chimeneas, fuentes, rejas en las ventanas, por mencionar algunos. Estos datos fueron corroborados por la Sección de Monumentos Históricos del Centro INAH Sonora, instancia encargada de la revisión y catálogo de inmuebles de Álamos. 
Los especialistas afirmaron que gran parte de cómo lucen estas casas el día de hoy son reconstrucciones que se han hecho al gusto de los actuales propietarios y sin verificación de las autoridades competentes y, por lo tanto, sin cuidado alguno en la protección o preservación de la tipología original de las residencias alamenses. 
En ese sentido, resulta importante destacar estos elementos que siguen repitiéndose en los edificios, que ahora operan como hoteles, junto con los ornamentos con que los revisten sus dueños, que es según lo que ellos consideran el estilo o tema mexicano: la decoración en gamas primarias y sus variaciones (azul, amarillo, rojo, blanco) como tonos predominantes; el uso recurrente de materiales como cantera, ladrillo y madera, identificados cómo parte de la imagen colonial, repetidos de manera tan insistente que llegan a confundirse. Patios, fuentes, chimeneas, figuras religiosas, algunos adornos con alusiones prehispánicas, los colores, todo esto de un hotel a otro. 
Aquí nos cuestionamos, ¿De dónde viene esa imagen, al parecer tan homogenizada por el extranjero, de nuestra mexicanidad? La arquitectura de las ciudades y su formación urbana es un tema que se ha reflejado en la pantalla grande desde sus inicios. Aquí vemos cómo se ha trasladado de la pantalla a la ciudad, como reflejo y proyección de un imaginario, través de las formas arquitectónicas. Éstas representan una imagen, transmitida por el cine, de lo que considera auténtico o típico de algún lugar...................................................... 

Caro Alicia Palma Romero
 *Doctora en Ciencias Sociales por El Colegio de Sonora Autora del libro: El imaginario de lo mexicano. El caso de Álamos, Sonora.

0 comentarios: