5 de julio de 2020

URBANISMO-SALUD : La construcción de ciudades inclusivas y sostenibles en el período de recuperación no es un mito urbano

Banco Mundial - Desarrollo internacional - Nuestra misión es poner fin a la pobreza extrema y promover la prosperidad compartida
Durante más de 100 años, la línea 7 del metro de la ciudad de Nueva York ha conectado Jackson Heights, Elmhurst y Corona, vecindarios de clase media de Queens, con Midtown y el lujoso West Side de Manhattan. 
En tiempos normales, el tren 7 lleva 500 000 personas por día a trabajar en el enorme y diverso mercado laboral de Nueva York. 
Un viaje de 24 minutos desde la Avenida Roosevelt/Calle 74 de Jackson Heights hasta Times Square conecta vecindarios que se diferencian por ingresos medios anuales de USD 78 000. El viaje en el tren 7 es un camino hacia el desarrollo económico.
La pandemia de coronavirus (COVID-19) ha paralizado la ciudad desde marzo, y las órdenes de permanecer en el hogar continúan vigentes en un contexto de aumento de las infecciones y las muertes.
Se ha hecho mucho hincapié en las desventajas de la densidad de la ciudad de Nueva York; las imágenes de las largas filas de pacientes afuera del Hospital Elmhurst, sobrecargado de casos de COVID-19, han quedado grabadas en las mentes de millones de personas de todo el mundo. Los males de la densidad han sido el tema central en las conversaciones populares y políticas sobre la COVID-19 mientras las ciudades se esfuerzan por aplanar la curva y limitar el contagio. 
Debajo de la línea 7 elevada, Jackson Heights, un animado y concurrido vecindario de inmigrantes cuyas tiendas de saris y bocadillos samosa chaat recuerdan a Karol Bagh en Nueva Delhi, es actualmente el vecindario más afectado por el virus (véase el mapa 1a).
Los casos de COVID-19 ascienden a 4125 por cada 100 000 habitantes en el área del código postal 11368 local.[2] En el otro extremo de la línea 7, en Chelsea, la zona más acomodada con el código postal 10011, el número de casos es mucho menor (925 por cada 100 000 habitantes). Si bien quizás sea lo que cabe esperar (los vecindarios densamente poblados presentan el mayor riesgo de contagio), los datos empíricos indican algo completamente diferente.
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Los vecindarios de West Queens no son los más densos de la ciudad de Nueva York (mapa 1b). West Queens tiene una densidad de 12 584 habitantes por kilómetro cuadrado, mientras que, en Chelsea, en el otro extremo de la línea 7, la densidad asciende a 30 923 habitantes por kilómetro cuadrado. En el Upper East Side de Manhattan las cifras son aún más elevadas, con densidades superiores a 58 000 habitantes por kilómetro cuadrado. 
La densidad y las infecciones no van a la par a lo largo de la línea 7, ni en la zona metropolitana de Nueva York (gráfico 1). 
Lo que marca la diferencia son los ingresos de los vecindarios y las características conexas, que moderan la medida en que las inversiones complementarias en estructuras (es decir, viviendas), infraestructura y servicios transforman los lugares hacinados en sitios densos y habitables. En Chelsea, el centro económico de la ciudad, la tierra tiene un valor más elevado. Gracias a las eficientes reglamentaciones de planificación y desarrollo urbanístico, los urbanizadores tienen incentivos para construir estructuras altas y crear una gran cantidad de superficie útil 
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 Incidencia de la COVID-19, densidad e ingresos en la ciudad de Nueva York] 
Los casos de COVID-19 se han extraído del portal de datos del Departamento de Salud de la Ciudad de Nueva York (https://github.com/nychealth/coronavirus-data). 
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La densidad se calcula en función de la población (Encuesta sobre la Comunidad Estadounidense 2018) y las zonas edificadas urbanas (World Settlement Footprint 2015). [Mapa 2: Alturas de los edificios a lo largo de la línea 7 del metro de la ciudad de Nueva York] ImageFuente de los datos: Centro Aeroespacial Alemán. 
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En los vecindarios de ingreso bajo, los urbanizadores no tienen incentivos para agregar superficie útil o exigir mejoras adicionales de la infraestructura. 
Especialmente en la ciudad de Nueva York, las personas viven en espacios más reducidos, a menudo en familias multigeneracionales, y tienen trabajos que exigen la interacción en persona. 

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El riesgo de contagio aumenta en los vecindarios que carecen de estructuras físicas y servicios que mejoren la habitabilidad, y donde los residentes no tienen otra opción que salir todos los días a buscar trabajo o servicios. En definitiva, la geografía económica, no la geografía física, determina el riesgo de contagio. Afirmar lo contrario es un mito urbano.
Mas contenido .....................................  https://blogs.worldbank.org/opendata/tracking-economic-impact-coronavirus-covid-19-space

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