5 de julio de 2020

SANIDAD VEGETAL : Destina SENASICA 25 mdp para proteger cultivos de la plaga de langosta voladora


La Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural ejerce durante este año 25 millones de pesos para la operación y fortalecimiento de la Campaña contra la langosta centroamericana (Schistocerca piceifrons Walker), con lo que se protege alrededor de 58 millones de toneladas anuales de alimentos agrícolas, con valor estimado de 70 mil millones de pesos. 
El Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria (Senasica) opera la campaña fitosanitaria de manera permanente en Campeche, Chiapas, Hidalgo, Oaxaca, Quintana Roo, San Luis Potosí, Tabasco, Tamaulipas, Veracruz y Yucatán.

Los técnicos de los comités de Sanidad Vegetal de los estados, que apoyan al Senasica en las labores de campo, han explorado 100 mil hectáreas, muestrearon cinco mil 983 y aplicaron acciones de control en 700 hectáreas.
La exploración tiene el objetivo de detectar poblaciones de langosta y consiste en efectuar recorridos en las principales zonas donde tradicionalmente se reproduce y crece la plaga, para ello se utiliza tecnología de vanguardia, que incluye vehículos aéreos no tripulados, drones y una aplicación móvil específica. 
Cuando se detecta alguna población se procede al muestreo, a fin de determinar la densidad poblacional promedio y posteriormente aplicar el método de control más adecuado.
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Con estas acciones, cada año se protegen, directa e indirectamente, alrededor de seis millones de hectáreas de cultivos básicos, cultivos industriales y hortalizas en las 10 entidades federativas antes mencionadas, las cuales representan alrededor del 25 por ciento del total de la superficie sembrada a nivel nacional. 
Aún ante la contingencia sanitaria por COVID-19, la campaña se mantiene en operación, siguiendo siempre las recomendaciones emitidas por la Secretaría de Salud, con la participación del personal técnico de los Comités Estatales de Sanidad Vegetal. 

Durante la primera semana de mayo, técnicos del Comité Estatal de Sanidad Vegetal de Oaxaca detectaron una población de langostas voladoras, agrupada en los municipios de Loma Bonita y San Juan Bautista Tuxtepec, en un área no cultivada de 272 hectáreas, en 45 de ellas inmediatamente se aplicaron medidas de control, con lo cual se redujo el riesgo de formación de una manga que pudiera afectar los cultivos de la región. 
La langosta centroamericana es un insecto que puede alimentarse de hasta 400 especies vegetales, tiene alto potencial reproductivo y su comportamiento tiende a la formación de bandadas, integradas hasta por 80 millones de individuos por kilómetro cuadrado, por lo que pueden devorar 100 toneladas de alimento verde al día. 
Los grupos de langostas se desplazan a una velocidad de 20 kilómetros por hora, lo que les permite invadir un estado en menos de una semana, por lo cual representa uno de los principales riesgos fitosanitarios para el sector agrícola en los estados del sureste y Golfo de México; la plaga no migra de una región a otra ni de un continente a otro. 
Esta plaga ha estado presente incluso desde antes de la conquista, en México desde 1824 se declaró a la langosta como plaga de importancia nacional y se establecieron disposiciones para combatirla.
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                 Bioplaguicidas para combatir langosta del desierto en África FAO
Los bioplaguicidas naturales ofrecen una alternativa más fiable y menos dañina para combatir los brotes de langostas del desierto que afectan a África, en lugar de usar plaguicidas químicos, además de que ofrecen una solución para tratar brotes en ecosistemas frágiles, señalaron expertos de la FAO. 
“Hemos estado usando bioplaguicidas para luchar contra la langosta del desierto y son una herramienta excelente para tratar pequeños grupos iniciales antes de que formen bandadas enormes”, indicó Keith Cressman, especialista en langostas de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura. 

 “Se trata de un insecto que se multiplica 20 veces cada tres meses con cada nueva generación, por ello es fundamental que nos concentremos más bien en intervenciones que puedan alterar el ciclo de reproducción. Recurrir a una herramienta ecológica eficaz que agricultores y gobiernos puedan utilizar en cualquier entorno tiene sentido en este momento”, señaló. 

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De acuerdo con un reporte de la FAO, los bioplaguicidas readaptan los propios instrumentos de la naturaleza y los utilizan contra las plagas. Los microbios son un conjunto muy conocido de herramientas biológicas y “los de la familia Metarhizium acridum han demostrado su eficacia en la lucha contra las langostas, matándolas en tan solo una o dos semanas”. 
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“Una ventaja importante de los bioplaguicidas es que están diseñados para afectar solo a tipos concretos de insectos. Eso significa que usarlos para luchar contra la langosta del desierto no afecta a otros insectos, que podrán seguir polinizando plantas y apoyando al ecosistema local con normalidad”, aseguró la organización.

Además, no dañan la flora y fauna silvestres ni tienen efectos negativos para las plantas, ya que pueden utilizarse en reservas naturales, humedales y otras zonas con masas de agua. 
 “Muchos agricultores están acostumbrados a comprar un plaguicida químico que pueden utilizar contra múltiples plagas a lo largo del año”, refirió Alexandre Latchininsky, experto en langostas de la FAO especializado en opciones de lucha. 
“Con los bioplaguicidas los agricultores tienen que comprar distintos tipos de productos para luchar contra plagas diferentes, de modo que se exige un cambio de costumbres. Además, los bioplaguicidas son más complicados de usar en lo que respecta a su transporte, almacenamiento y combinación”, puntualizó. 

La FAO solicitó a principios de este mes 900 millones de dólares para ayudar a 43 millones de personas que dependen de la agricultura en África y están en riesgo de sufrir inseguridad alimentaria.
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Aseguró que la atención mundial está centrada en los enjambres de langostas del desierto que atacan los cultivos; entre los países que se encuentran afectados están Burkina Faso, Chad, Etiopía, Libia, Myanmar, Siria, Yemen, Sudán del Sur, Tanzania y Uganda.

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