13 de abril de 2020

OPINION : Epidemias y libertades individuales

Colson
En medio de la pandemia provocada por el Covid-19, uno de los muchos asuntos que se discuten es la restricción de las libertades individuales.
Las medidas de contención dictadas por los gobiernos nacionales atentan, aparentemente, contra la libertad de tránsito de los ciudadanos. 
 Las notas acerca del tema saturan las redes sociales, desde las fakes news, como los 500 leones que soltó el gobierno ruso para patrullar las calles, hasta las recomendaciones de permanecer en nuestros hogares y guardar una sana distancia.

Las enfermedades forman parte de nuestras vidas. Algunas veces son benevolentes y nos acompañan en silencio; pero en otras ocasiones se manifiestan con tal fuerza que dejan de ser un problema personal para convertirse en una crisis comunitaria. 
 El padecimiento que transciende la esfera particular se convierte en una epidemia y cuando amplía su impacto a varios países o continentes, como es el caso del Covid-19, se etiqueta como pandemia.
La Historia nos permite reflexionar ampliamente las problemáticas que nos aquejan en el presente. La mirada histórica posibilita superar la inmediatez y analizar las situaciones con una perspectiva más allá del acontecimiento y sus anécdotas. 
 En esta colaboración me interesa concentrarme en la forma en que se han regulado nuestras libertades en medio de una epidemia y, a partir de esto, invitarles a pensar en cómo podemos leer las acciones sanitarias que se aplican para aminorar los efectos del Covid-19.

En 1891, durante la presidencia de Porfirio Díaz, se aprobó el primer Código Sanitario de México. Este documento concretó un añejo proyecto; se elaboró en armonía con la Constitución de 1857 y la normatividad sanitaria de naciones como Estados Unidos, Francia, Inglaterra, Chile y Argentina.
Biografía de Porfirio Díaz
El Código señaló las responsabilidades de asistencia social a los gobiernos estatales, las organizaciones religiosas, las instituciones de beneficencia y los individuos. 
La federación, por su parte, debía emprender acciones de control epidemiológico en puertos y fronteras. 
La relevancia histórica del Código Sanitario radica en su intención de ordenar los aspectos relacionados con la salud pública.
Éste colocó a las epidemias junto a los grandes problemas nacionales y planteó la importancia de invertir recursos en su prevención y combate.

Además, le asignó al individuo un rol protagónico y señaló de manera puntual una frase que no pierde vigencia: “si todos los habitantes conocieran y practicaran las reglas de la higiene privada, las poblaciones ganarían mucho en salubridad”. 
 Hace 129 años se planteó la necesidad de “ciudadanos activos”, como un factor clave para resolver los problemas sanitarios. 
También se limitó la libertad constitucional de libre tránsito para quienes resultaran víctimas de enfermedades epidémicas y se recomendó, como hoy, el aislamiento en domicilios u hospitales.
Concluyo apuntando que la invitación para asumir un rol protagónico es una convocatoria histórica, desde la ciencia médica, desde una perspectiva que concibe la salud como un producto colectivo en donde es indispensable la colaboración de cada uno de nosotros. 
Colson Hiram Félix Rosas

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