14 de noviembre de 2019

OLABUENAGA : Advierte que es necesario discutir la regulación en Internet, mas porque las redes se han convertido en "tribunal moral"


Según un estudio de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, en poco más de 83 millones de mexicanos usan redes sociales. Desde ahí se comunican y discuten cada vez más los temas de interés público.
Apenas hace unos días, la editora Pilar Montes de Oca estuvo en el centro del huracán por sus comentarios vía Twitter acerca del asesinato de los integrantes de la familia LeBarón en el norte del país. Al igual que Nicolás Alvarado y Marcelino Perelló, la exdirectora de la revista Algarabía, fue linchada en redes por sus comentarios.

                                                                        Ana María Olabuenaga

Para la publicista y doctora en Sociología de las Redes Sociales, Ana María Olabuenaga urge revistar la forma que nos relacionamos con Twitter, Facebook e Instagram. Convencida de que estas plataformas se han convertido en tribunales morales, la especialista publica Linchamientos digitales (Paídós), una investigación que propone una reflexión al respecto.

 ¿Benditas o malditas sociales?

Las dos. Benditas porque nos han dado la oportunidad de tener una conversación horizontal con cualquiera y nos han dado la posibilidad de visibilizar causas o temas. Malditas porque la fricción constante entre todos está colisionando todo lo que considerábamos que estaba bien puesto en el siglo XX como la democracia, los partidos y la libertad de expresión.

Cuando ya lo teníamos terminado nos pareció importante actualizarlo con el último escándalo hasta entonces y ese fue el segundo #MeToo mexicano. No podíamos dejar de lado el suicidio Armando Vega.
El movimiento posibilitó que las mujeres pusieran en la agenda el tema del acoso, pero al mismo tiempo dejó un linchado, Armando Vega. Él era antropólogo y creo que tenía un punto de razón: una vez que las redes te juzgan es muy difícil echar para atrás ese juicio. El #MeToo mexicano fue muy singular. 
Se habló de tenerle credibilidad a la víctima pero también de darle un espacio al acusado.

¿Hubo excesos? 

Es que así son las redes. No esperan al debido proceso y ese es el problema que planteo. Son un tribunal moral y eso es lo que necesitamos analizar. No sé si se equivocaron y también entiendo que Armando Vega traía una historia previa.
Las chicas del #MeToo desde luego no son culpables de su depresión, sin embargo hay que tener conciencia sobre lo que se hace. Necesitamos reflexionar porque esto va a crecer. La indignación va en aumento y las redes cada vez son más grandes. Cada quince segundos una persona se une a una red social.

¿Ya no se puede hablar de que es una elite o un grupo pequeño el que usa redes sociales?

No podemos decir que es pequeño. Armando Vega no se murió en internet sino en la esquina de su casa. Lo que sucede en las redes ya tiene consecuencias vida diaria. Que algunos no estén conectados nos habla de inequidad o de carencias democráticas, pero los gobernantes están actuando vía redes. No necesariamente debes tener Facebook o Twitter para ser linchado, se pueden tomar decisiones a tus espaldas. 

¿Las redes son censores? 

Se han convertido en un tribunal moral donde se dice qué esta bien y qué mal. 

En el libro analizas los casos de Nicolás Alvarado, Marcelino Perelló y podríamos añadir el de Pilar Montes de Oca.
¿Qué tanto necesitamos regular nuestro uso de las redes?

Todos somos susceptibles de equivocarnos y de pedir perdón. Es probable también, que los tres dijeran lo que realmente piensan. En cualquier caso hay que preguntarnos, ¿dónde está la afectación? El problema está en los límites de la libertad de expresión. Nos podemos criticar o cuestionar, pero debatamos. No despojemos del trabajo a alguien por no pensar cómo nosotros. Ahí es donde tenemos que ponernos a platicar.
 ¿Necesitan regularse? 
Creo que vamos a tener que llegar a la regulación o a la normatividad. Por lo menos, es preciso que lo discutamos. En otros países no se ha podido regular. Y ve lo que está pasando, está estallando. En lo que va del año ha habido noventa conflictos desbordados hasta la calle y amplificados por redes sociales. Me parece que tendremos que regular nuestra vida en redes.

¿Cuál es la diferencia entre atentar la libertad de expresión y la regulación de redes? 

 No puedes perjudicar los derechos del otro. La semana pasada el presidente presentó un informe sobre la actividad de los bots en su contra.

 ¿Cuál es tu opinión al respecto? 

Yo creo que estuvo improvisado. Rossana Reguillo ha dicho que no se puede saber de dónde vienen esos bots, puedes conocer su comportamiento pero hasta ahí. Alrededor del tema yo tengo mis dudas. Los bots pueden hacer, decir o hacer, sin embargo quienes damos “like” o retuitamos somos nosotros. En Harvard se comprobó que somos los seres humanos quienes nos dejamos ir y difundimos las noticias faltas. No somos autómatas. Somos las personas quienes promovemos el odio y la violencia. Hay que hacer conciencia de ello.
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En su libro The Game, Alessandro Baricco plantea que necesitamos humanizar el uso de las redes sociales. Ojalá y se pudiera hacer. Baricco es un poeta, pero lo cierto es que es muy complicado. Tú sigues al activista de una causa justa por una emoción positiva.
 Todos los días en redes leemos invitaciones a la indignación. Ve la violencia que alcanzó la discusión sobre Evo Morales. Baricco tiene razón, sin embargo, el tema es cómo alcanzarlo. ¿Regulando? ¿Poniendo una materia escolar de ética tecnológica? ¿Haciendo conciencia?

  Un buen comienzo sería releer lo que escribimos antes de postearlo. 

 ¿Qué resortes tocan las redes para generar este tipo de reacciones? 

Nos hacen sentir importantes y nos dan reputación. En promedio, nos relacionamos en el mundo real con cuarenta y cinco personas, entre familia, amigos y trabajo. Una cuenta de Twitter tiene como media 700 seguidores, es decir, tienes un auditorio completo esperando a que los entretengas con tus comentarios. Sí hay un elemento de reputación y eso es de un poder simbólico importante. Incluso, tu posición en redes puede darte una mejor posición laboral. 

¿La regulación es la única salida? 

 Creo que va llegar el momento en donde vamos a querer regularlo. La conciencia y la reivindicación del respeto al otro llegarán tarde o temprano, esa es mi esperanza.

¿Esperanza con o sin argumentos? 

 Mi argumento es que siempre lo hemos hecho. No tengo otro

 Por Héctor González 

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