16 de abril de 2018

ACTUALIDAD : Regiones ricas y regiones pobres, no países ricos y países pobres


El Mundo.-  El área metropolitana de la ciudad de San José, en Silicon Valley, California, es la tercera más rica del mundo, después de Zúrich y Oslo, con localidades de obligatoria presencia en las secciones de Economía de cualquier medio de comunicación, como Palo Alto o Mountain View. A una hora y cuarto en coche (si no hay atascos), están las ciudades de Manteca, Modesto y Oakdale, en el Valle de San Joaquín. La renta per cápita de esa región es poco más de un tercio de la de San José. Del Valle del Silicio (Silicon Valley) al Valle de San Joaquín hay un abismo. Es pasar de la realidad virtual a la cosecha de la nuez.



Pero no es algo inusual en EEUU. Rodeando al Distrito de Columbia, donde está Washington, se encuentran 7 de los 10 condados más ricos de Estados Unidos. Si la capital estadounidense fuera un estado, sería el más rico del país en términos de ingresos per cápita. A dos horas en coche, está el estado industrial y minero de Virginia Occidental, que ocupa, precisamente en renta per cápita, el puesto número 49 de los 50 que forman el país, y que vive, además, una epidemia de adicción a las drogas que lo está arrasando. 

 Esa riqueza extrema junto a la pobreza extrema tiene consecuencias. 

 En 2016, el mejor resultado de Hillary Clinton en todo EEUU fue en Washington, donde consiguió el 90,5% de los votos, y el de Donald Trump, en Virginia Occidental, con el 68,50%. Esas diferencias son muy estadounidenses. Pero acaso estén empezando a ser, también, europeas. Eso es lo que sugiere un estudio de Nikolaus Wolf y Joan Rosés, respectivamente, de la Universidad de Humboldt de Berlín y de la London School of Economics. Según esa tesis, la renta de las regiones de la Unión Europea fue convergiendo gradualmente en materia de renta desde principios de siglo hasta 1980, aunque la mayor reducción de las diferencias tuvo lugar de 1950 a 1980.

Desde entonces, la distancia entre las zonas ricas y las pobres ha crecido. 

 Los extremos son las capitales y las zonas especializadas en industria pesada y minería del carbón. Y las consecuencias políticas son evidentes. No es solo Washington y Virginia Occidental. Wolf y Rosés citan los extremos de Londres (anti-Brexit) y Gales (pro-Brexit); Berlín y Sajonia, en la antigua Alemania Oriental (el único estado de ese país en el que la ultraderecha del AfD fue el partido más votado en las elecciones de septiembre); y París y Calé (uno de los dos departamentos en los que el Frente Nacional de Marine Le Pen ganó la segunda vuelta de las elecciones de 2017).

Las disparidades regionales, así pues, están creciendo, no solo en Estados Unidos, sino también en Europa. 

 Y todo indica que también lo están haciendo en el mundo en vías de desarrollo. Aunque la desigualdad a nivel mundial ha caído por el crecimiento de Asia, las diferencias económicas entre las provincias ricas y pobres de China, por ejemplo, se han disparado. Más que ciclos económicos de países, estamos en un mundo de ciclos económicos de regiones: unas que crecen, y otras que no. Con esa fractura económica, la fractura política no debería sorprendernos.

Acaso en vez de diferenciar entre países ricos y países pobres, deberíamos hacerlo entre regiones ricas y regiones pobres.

 http://www.elmundo.es/economia/macroeconomia/2018/04/16/5ad3953a22601d680a8b45d3.html

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