30 de marzo de 2018

OPINION : ¿ Narcoestado de primer mundo?

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Amsterdam, Holanda.- Un fantasma recorre Europa, es el fantasma del narcoestado. Hace un mes, un reporte de la policía holandesa (NPB) advirtió sobre el riesgo de que Holanda se convierta en un narcoestado. Desatención de los pequeños crímenes, crecimiento de una economía criminal y tentativas de corrupción son elementos que alimentan la sospecha de la tormenta que podría venir. El reporte tiene como fuente a 400 detectives de policía locales entrevistados. Uno de ellos afirma que “En los últimos 25 años, he visto a traficantes de drogas convertirse en grandes empresarios e inversores respetados con buenos contactos en política”. Las características y el tono de la información con la que se alimenta el informe son de alerta: el riesgo ahora es amenaza y se encuentra a pocos pasos de convertirse en realidad.

Sin embargo, hay una ausencia en la discusión: ¿qué significa e implica convertirse en un narcoestado? Afortunadamente, este debate sí ocurrió con más o menos intensidad en la prensa local y en otros medios europeos, particularmente ingleses. La idea del narcoestado, como la de Estado fallido o débil, entre otras, forman parte de un lenguaje político peculiar y contemporáneo. Aunque conceptualmente son categorías vacías y dicen muy poco para entender qué pasa y cómo son esas sociedades, contienen una carga política inmensa. Son categorías potentes en la discusión pública pues generan un sentido colectivo y activan decisiones trascendentales entre las esferas políticas.

Aunque no se sabe exactamente en qué consiste el riesgo, se sabe que debe eludirse a toda costa. Hace tan sólo unos meses, a finales de 2017, el Jefe de Gabinete de la Casa Blanca en Washington, John Kelly, se refirió a México como un “narcoestado fallido”. Después de todo, la suma de adjetivos fortalece la premisa. Cuando alguien como Kelly o la propia policía holandesa utilizan la palabra “narcoestado” se prenden alarmas que generan un ruido detrás del cual se ocultan preguntas importantes. Me centro en una de ellas: en un mundo globalizado ¿cómo interactúan los narcoestados con los que no lo son?




      RODRIGO PEÑA GONZÁLEZ

Hay una falacia perversa en el uso de este término. Por un lado, hace suponer que el crimen asociado al narcotráfico y a otras actividades ilegales puede encapsularse en países fracasados o en vías de hacerlo, ahí donde las instituciones débiles, la violencia y la corrupción se adueñan de las personas que luchan por el control del negocio. Y sin embargo, por el otro lado, hay evidencia que demuestra que el comportamiento de las redes criminales tiende a ser transnacional. Tráfico de drogas, lavado de dinero, trata de personas: todas son actividades que ocurren entre localidades de “narcoestados” y “Estados de verdad”. En todo caso, la idea del narcoestado amenaza como un fantasma con llegar a países que se descuiden y se conviertan en nuevas sucursales del infierno.

El ministro holandés de seguridad y justicia, Ferd Grapperhaus, dio acuse de recibo del informe de la policía local y no le restó importancia. El reporte “es una señal que debemos tomar [el problema] en serio […] Este gobierno reconoce que hay una necesidad de inversión en la fuerza policial”. Holanda es un país pionero en impulsar una política de tolerancia en el consumo de drogas, concretamente marihuana. Su venta y consumo está regulada aunque no así la producción. En todo caso, el modelo holandés ha inspirado (y sigue haciéndolo) formas alternativas de lidiar con el problema del narcotráfico en primer lugar y de los mercados ilegales en general. Además, es un país con mínimos índices de violencia y una tasa elevada de impartición de justicia.

En países como México, se requieren alternativas a la militarización y mano dura para arreglar los problemas que genera la ilegalidad. En ese sentido, que aquellos que han inspirado modelos pacíficos sientan la tentación de recurrir a “combatir” el crimen no es la mejor de las noticias. Por eso, las palabras del ministro Grapperhaus sugieren un tono de mesura y prudencia que le viene de maravilla a la discusión: “el término ‘narcoestado’ no es una calificación que utilizaría”. Un poco de oxígeno entre el ruido de las alertas.

 Autor ;Rodrigo Peña González


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