24 de diciembre de 2017

CASO ALEJANDRO GUTIERREZ : Así corrompe el gobernador Corral a la justicia

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A Duarte se le acusa de corromper las finanzas, a Corral se le acusa de corromper el sistema judicial. En otras palabras, en Chihuahua se “combate la corrupción” corrompiendo al sistema judicial, como se puede leer en declaración de Manlio Fabio Beltrones hecha en razón de la última detención de alto calibre.

Lo que es evidente es que las órdenes de aprehensión de políticos son una cortina de humo muy rentable que le permite a Javier Corral ganar capital político a nivel nacional. Se trata de distraer a la opinión pública para invisibilizar la violencia desbordada en Chihuahua y ayudar a la estrategia electoral de la Coalición PAN-PRD-MC. Por lo tanto, meter a políticos a la cárcel resulta un negocio redondo y hasta los más analíticos se han tragado el cuento chino.

En ese contexto, los juegos pirotécnicos judiciales son el principal instrumento del marketing de la venganza política. En la retórica corralista se habla de carpetas de investigación (fake) con cifras escandalosamente millonarias y de personajes reconocidos a nivel nacional cometiendo delitos; el morbo que producen estos datos atraen las miradas a Chihuahua y compiten en el ranking que encabezan las noticias como la muerte del Pirata de Culiacán o la filtración de fotos íntimas de Monserrat Oliver.

Chihuahua sufre por la violencia y el deterioro de las instituciones de justicia, esta degradación antidemocrática ya no es una amenaza, es una realidad. Desde que Javier Corral es gobernante hemos visto la peor versión del autoritarismo, así es el gobierno del Nuevo Amanecer que se ha dedicado a dañar las instituciones manipulando a los jueces directa o indirectamente.

Tener todo el poder para meter a la cárcel a cualquiera sin ninguna prueba suena a los tribunales de la Santa Inquisición, pero no, se trata de Chihuahua en el 2017. Pero, ¿cómo llegamos a este nivel de manipulación de la justicia?¿cómo puede un gobernante en pleno Siglo XXI pasar por encima de las instituciones?¿porqué nadie habla de esto?

 A la distancia, es posible reconstruir la ruta que usó Javier Corral para llegar a este nivel de manipulación de la justicia. Recordemos que, como legislador, Corral se especializó en los temas relacionados con las empresas de telecomunicaciones, nunca tuvo interés por el combate contra la corrupción hasta que encontró la plataforma ideal en un grupo de ingenuos que conformaron la Unión Ciudadana y que acusaban a César Duarte de enriquecimiento ilícito por los movimientos financieros en el Banco Unión Progreso, esa fue la coyuntura –que por cierto fue la primera denuncia ante la PGR y que ya ni se menciona, aunque Jaime García Chávez a cada rato recuerda esa llamarada de petate que el gobierno corralista abandonó para ir por un botín mediático mayor llamado eufemísticamente “Operación Justicia para Chihuahua” pero que bien podría traducirse en “Operación manipulación de la justicia para obtener capital político”–.

En ese entonces, Javier Corral como senador tenía el interés de ser presidente del CEN del PAN en 2015, pero Ricardo Anaya le ganó el tirón, no sin antes aventarse hasta la cubeta en un legendario debate donde ambos se acusan de tiranos –y los dos tenían razón-. Si Corral hubiese sido presidente el PAN, quizá ahorita sería candidato a la presidencia y el asunto de Duarte no hubiera sido de su interés. Y Duarte sería protagonista de la sucesión en el 2018, quizá por eso les estorbaba.

 Pero ante el fracaso de la “Rebelión de las Bases” de Corral, como premio de consolación –y para tenerlo lo más lejos posible–, Ricardo Anaya como presidente del PAN lo apoyó para convertirse en candidato en Chihuahua, para ese entonces Chihuahua era un proyecto electoral sin viabilidad para Acción Nacional, porque el PRI venía de ganar en el 2015 los 9 distritos federales y parecía tener una maquinaria invencible.

¿Cómo podía Corral levantar un proyecto político-electoral con esas cifras adversas? 

La respuesta fácil era prometer “las perlas de la virgen”. Corral siguió la corriente de la Unión Ciudadana y se sumó a los más radicales inconformes con el gobierno del Duarte de todos las expresiones políticas –incluyendo algunos del PRI–, de esta forma afinó el discurso mesiánico de la venganza política contra el tirano y después se apropió de esa bandera. La coyuntura se convirtió en misión.

Desde el inicio, la propuesta electoral de Corral fue una sola: meter a la cárcel a César Duarte. 

Una sola propuesta, sin dar espacio a titubeos. Dijo mil veces que Duarte es culpable y la gente se lo creyó. Entonces, cambió la lógica a su favor, la pregunta ya no es qué hizo Duarte, la pregunta es cómo lo vamos a castigar, pero el discurso político se convirtió en política de estado violentando cínicamente los principios del Debido Proceso Legal.

El odio se enquistó en un amplio segmento de la sociedad. Hasta los empleados del gobierno estatal de Duarte estaban convencidos de que era culpable. En el marketing negro de boca a boca, muchos aseguraban vehementemente ser testigos de que Duarte era dueño de decenas de ranchos, casi de todo Parral, así como de hoteles de lujo en varias ciudades; también, con el pujante comercio farmacéutico, se le acusó de ser propietario de varias cadenas de tiendas.

Esos cuentos fantásticos del exgobernador alimentaron el odio social, muchas de esas leyendas rayaban en lo absurdo, pero ya quedaron en el pasado, hoy nadie habla de eso.

Las cifras se desinflaron y nadie ha revisado ese dato porque ya no importa, el proceso de Duarte comenzó al revés, primero es condenado públicamente como culpable y después se le inventó una historia.

La realidad es distinta al discurso mediático, la Fiscalía General de Chihuahua solamente ha asegurado tres propiedades de César Duarte ¿dónde quedaron las decenas de ranchos y negocios en todos lados?, hoy las proporciones siguen sin cuadrar en las acusaciones del desvío de miles de millones de los que se hablaba al principio.

Pero una vez que se inventan las piezas de rompecabezas, el juego comienza. 

César Duarte y sus allegados son etiquetados como los verdugos de la sociedad porque robaron y Javier Corral se pone la capa del justiciero de los ciudadanos.

La gente compró esa ficción en las elecciones del 2016 y tras el triunfo del panista comenzó un nuevo ajedrez, con otro tablero, ahora Duarte era el ladrón y Corral el policía.

También, el caso de Javier Duarte en Veracruz abonó para consolidar la historia fantástica de Chihuahua, hoy en las redes sociales la asociación del PRI con la corrupción parece natural, otra razón coyuntural que ayudaba a sostener la culpabilidad de César Duarte.

Entonces, Duarte es culpable porque “todo el mundo lo sabe” o porque “así son los del PRI”, pero no porque existan pruebas que lo incriminen. Javier Corral sabe que no las necesita.

Después de una historia continua de fracasos (porque Corral nunca había ganado una elección), la suerte comenzó a sonreírle, todas las piezas se acomodaban para que su discurso contra la corrupción se legitimara ante la opinión pública y con ello llegaron las mieles del capital político.

Corral ha ganado un posicionamiento a nivel nacional que lo vuelve a catapultar, sus bonos después de Duarte están por las nubes en México, aunque en Chihuahua están en duda sus victorias.

La segunda etapa de la ruta de Corral fue aprovechar el poder político para controlar el poder legislativo y el poder judicial para manipular a su antojo. Desde que el Barón de Montesquieu propuso la división de poderes, los Estados Modernos concentraron sus esfuerzos por marcar las fronteras entre los poderes y Javier Corral logró en unas semanas borrar esa división lastimando las instituciones que tanto nos han costado.

En un acto a todas luces ilegal impuso a su amigo Julio César Jiménez Castro como presidente del Tribunal Superior y a su aliada política Lucha Castro como consejera presidente del Consejo de la Judicatura, ambos impuestos por la fuerza del poder político; con esto, Javier Corral demostró de lo que es capaz con quienes lo desafían; nadie con un poco de sentido común se atrevería a contrariar las órdenes del nuevo mandamás. Los jueces sin carácter prefieren seguir las órdenes de Palacio con diligencia.

Una vez que tuvo el poder político y el control de los jueces, ahora solamente faltaba un paso más: la cacería de brujas. Con la estrategia del timming político-electoral, comenzó la persecución de ex funcionarios de Duarte para armar el rompecabezas. En esa trama los testigos protegidos fueron clave, el miedo los hizo capaces de inventar cualquier historia con tal de ganar impunidad, escribieron guiones de una telenovela a modo con datos que sirvieron para justificar sin ningún rubor la persecución política.

En resumen, lo que hizo Javier Corral para manipular la justicia fue: apropiarse de un discurso contra la corrupción legitimado por la sociedad, sentenciar en público a César Duarte antes de cualquier juicio y hacerlo culpable, ganar una elección prometiendo meterlo a la cárcel, secuestrar al Poder Legislativo y Judicial, comprar testigos protegidos para sostener una historia y así detener sin pruebas a quienes considera actores clave para seguir armando el guión final. Esa es la fórmula que sigue y seguirá hasta que se restablezca en Chihuahua el Estado de Derecho.

Finalmente, no debemos olvidar que la corrupción es un acto que lastima las instituciones del Estado de Derecho y la Democracia. Entonces, si no se sigue el Debido Proceso Legal en Chihuahua se corrompe el sistema judicial, vale la pena preguntarse ¿quién es el corrupto?¿quién lastima más a las instituciones? y sobre todo preguntarse ¿es plausible que la corrupción se combata con más corrupción? 

Así corrompe Corral a la justicia

Carlos Murillo/analista murillonet@yahoo.com / Diario de Chihuahua