OPINION Gobernador Corral; “el poder absoluto, corrompe absolutamente”

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La política es un arte complejo donde se compite por el poder. 

Chihuahua.-  Quienes alcanzan el poder político imprimen su estilo en la forma de gobernar y muy pocos se salvan cuando se trata de legitimar el uso del poder; casi siempre éste desgasta a quien lo ejerce, algunas veces hasta dejar en la ruina moral al gobernante. En la película “El Abogado del Diablo”, Al Pacino, en el personaje que representa al diablo, explica que la diferencia entre el infierno y el paraíso es el marketing, un buen manejo de medios y de relaciones públicas podría cambiar la percepción. 

 Así lo corrobora Nietzsche, cuando expone la idea del bien y el mal desde la doctrina moral judeocristiana; el invento de la bondad exige el nacimiento del mal hacer, lo que permite la dicotomía de correcto e incorrecto y, con ello, el pecado y la penitencia. Es el antecedente del delito y el castigo que impone el Estado.

 Pero ¿quién dice lo que está bien y lo que está mal? 

Desde una orientación marxista, la autoridad que sustituye al sacerdote en el Estado laico es el gobernante, aquel que detente el poder político podrá decir lo que está bien de acuerdo a la élite que representa. Y, en un sistema democrático como el nuestro, quien detenta el poder político es quien gana las elecciones; pero una cosa es alcanzar el poder político y otra distinta legitimar el poder ante los gobernados a través del ejercicio del poder, como lo expone Max Weber. 

 Desde los antiguos griegos, quien gobernaba debía ser justo para tener la aceptación popular y, con ello la legitimidad. Pero más allá del idealismo ético, Nicolás Maquiavelo enumera los pasos para que el Príncipe mantenga el poder, decía el padre de la ciencia política que el Príncipe podía ser amado o temido, cualquiera de las dos formas es efectiva para mantener el poder.

 Hoy, para legitimarse, el gobernante usa a los medios de comunicación y las redes sociales para manipular la opinión pública, frecuentemente a través de las fake news (noticias falsas), como advirtió tantas veces el popular filósofo Zygmunt Bauman. 

 Al inicio de la película de El Padrino II, Michael Corleone recibe en su despacho de Reno al Senador Pat Geary, quien le dice que le caen mal los italianos, con sus trajes brillosos y su pelo con engominado, entonces lo extorsiona con un porcentaje de las ganancias del hotel en Las Vegas y una cantidad para aprobar la licencia y finaliza invitándolo a que lo piense.

Michael le contesta inmediatamente: “Senador, todos somos parte de la misma hipocresía” y después le dice que no pagará nada y apreciaría que él mismo pague los impuestos de la licencia. Así como en la película, se suele confundir a los buenos y a los malos, cualquiera pensaría que el Senador Geary era el bueno de la película y Michael el malo, pero no siempre es así, en ocasiones la mafia está en el poder y no afuera. 

 Finalmente, los métodos para alcanzar el poder no siempre coinciden con los métodos para mantener el poder. Por ejemplo Fidel Castro, el hombre-mito de la revolución cubana, generó una controversia durante décadas sobre la legitimidad del poder en un gobierno socialista, Castro Ruz llegó a través de la guerrilla y consolidó su poder con la dictadura socialista, convirtiéndose en el demonio político –según Estados Unidos–. Pepe Mujica en Uruguay, otro político de culto latinoamericano, accedió al poder por el método blando de la democracia y legitimó su poder con la campaña mediática de austeridad que lo convirtió casi en un santo de la ética política. 

 Quizá ninguna de las dos historias es cierta, ni Fidel era un demonio, ni Mujica era un santo, pero esa versión se legitimó ante la opinión pública y se convirtió en verdad. Así pasa con el internet, la posverdad es lo que la gente cree y contra eso no hay prueba en contrario y si el gobernante cuenta con los medios necesarios, la verdad se puede construir fácilmente. Pero verdad y legitimidad no es lo mismo. 

La verdad se puede fabricar, pero la legitimidad no siempre se compra con dinero, la mejor prueba es que quien tiene el poder político –e inclusive quien tiene el poder económico–, no siempre logran la legitimidad social.

 En Chihuahua, el gobernador Javier Corral ganó las elecciones sin legitimidad social, su partido Acción Nacional ganó el mismo porcentaje de votos que las últimas elecciones, ya en otras ocasiones lo he explicado, Javier Corral, con los votos que obtuvo en 2016 no hubiera ganado las elecciones de 2010 contra César Duarte y, ni hablar del 2004 donde él mismo perdió contra Reyes Baeza, con el mismo porcentaje de votos. 

Entonces, la legitimidad social es la sombra de un mito, junto al bono democrático que es su fruto podrido. Aún así, el voto democrático fake ya se acabó hace mucho. ¿Qué sucedió en el 2016? La versión que se puede sostener con mejores argumentos es que PRI se fragmentó y los independientes (expriístas) aprovecharon la coyuntura para desfondarlo, esa es la verdadera historia. 

Ante la derrota del PRI -y el PAN que ganó la misma votación de siempre-, Javier Corral inventó la Operación Justicia (Venganza) para Chihuahua para continuar con un discurso de odio, muy rentable electoralmente. 

El combate a la corrupción está de moda y equivale a la lucha por la democracia del “Verano Caliente” de 1986, otra gran mentira que inventaron los panistas para acceder al poder, pero que nunca ha sido suficiente para mantenerlo. 

 Hoy, Corral impuso la ineficacia como regla institucional. 

El “nuevo amanecer” un gobierno improvisado, desarticulado, desenfadado y ausente, sin ningún interés en los problemas del estado. Los secretarios se sacuden la responsabilidad diciendo que la prioridad es la Operación Venganza para Chihuahua y “lo demás es lo de menos”.

 Mientras tanto, la ruina del estado comienza a notarse; regresamos a los homicidios del 2008 y perdimos la percepción social de seguridad; el estado pierde competitividad; la democracia está lastimada, la división de poderes está borrada, la transparencia secuestrada y la rendición de cuentas se encuentran en su peor condición; el estado de derecho desapareció; la educación, salud e infraestructura se quedaron en pausa desde que llegó el agonizante “nuevo amanecer”. Es un evidente retroceso y tiende a empeorar. 

 En Chihuahua, el poder político es usado para cumplir los caprichos de un frívolo gobernante que vive en la quimera de regresar a México como presidente y abandona la realidad mientras sueña, para que eso suceda deberá esperar y fiel a su formación de aristócrata se entretiene jugando un deporte diferente cada vez que el estado está en llamas. Javier Corral pierde legitimidad cada día, en pocos meses estará en la misma bancarrota moral que ve a sus adversarios. Hoy, los chihuahuenses ya comienzan a darse cuenta quién es el malo de la película. 

 Cada día, los chihuahuenses se preguntan ¿quién ganó las elecciones? Porque la versión actual de Javier Corral no es la del activista demócrata, la versión de Javier Corral es la del dictador ineficaz. El egocentrismo está matando a la esperanza. Tenía razón Lord Acton cuando decía "El poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente".

 Carlos Murillo/ Abogado
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