ACTUALIDAD Desafíos y oportunidades ante el avance de la automatización

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La International Comparisons of Annual Labor Force Statistics demuestra que entre 2000 y 2010 la pérdida de empleo en el sector industrial varió de 35% en el Reino Unido (el más alto) a 11% en Alemania (el más bajo). En Japón fue de 20 y de 18 por ciento en Corea. 

 “Es una verdad obvia que los sectores más automatizados requieren menos trabajadores para operar”, manifiesta el catedrático investigador Enrique de la Garza, de la Universidad Autónoma Metropolitana. 

 Las distintas revoluciones industriales demuestran, dice, que la tecnología no trae consigo pérdida de empleo ni repuntes de desocupación, porque allí donde desaparecen trabajos, aparecen otros.

 El problema es que hoy los sectores industriales de alta tecnología no tienen tanta capacidad para absorber toda la demanda de empleo, y ahora los servicios cumplen con este papel, explica De la Garza. 

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 “En Estados Unidos, Europa y México los servicios representan el mayor porcentaje de Producto Interno Bruto y del empleo”, señala el investigador. 

 Estados Unidos lo refleja. De acuerdo con el Bureu of Labor Statistics, al mismo tiempo que ese país perdió 7 millones de empleos en la manufactura creó 53 millones en servicios, la mayoría (63%) en sectores de alto valor como actividades financieras, donde el salario promedio por hora es de 32.19 dólares, en comparación con los 25.61 dólares de la manufactura.

 En México, en cambio, la sustitución ha significado precariedad laboral, dice De la Garza. Malos empleos, bajos salarios y sin seguridad social para la mayoría de quienes no encuentran trabajo en sectores de alta tecnología, concentrados en muy pocas empresas.

 “La gente desplazada por la automatización se mueve al sector informal o de servicios de bajo valor agregado, donde las condiciones, los salarios y la seguridad en el empleo son peores que en la industria”, afirma De la Garza. 

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 “El plato fuerte del trabajo en México”, dice, son los servicios y la maquila, que han contenido las tasas de desempleo en México. El problema no es local. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) asegura que el reto laboral más urgente en el mundo no es la falta de empleo, sino la necesidad de crear “trabajo decente”. 

 En su reporte “Perspectivas sociales y del empleo en el mundo. Tendencias 2016”, la OIT advierte que en 2015 había 197.1 millones de personas en el desempleo y calcula que para 2017 aumentarán a 200.5 millones. En contraste, la precariedad laboral afecta a 1,500 millones de personas, casi la mitad (46%) de los trabajadores del mundo. 


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OTRO LADO DE LA MONEDA 

 Hay otro lado de la moneda. La innovación, la tecnología, la automatización y digitalización también son motores de cambio, desarrollo económico, igualdad y bienestar social. El nuevo conocimiento científico a su vez ofrece oportunidades que se pueden aprovechar no solo para las tecnologías de los procesos, sino también para el desarrollo de nuevos productos.

 Pero en México el horizonte se cierra en el presente: en la necesidad de levantar la productividad de su industria, animar el mercado interno, crear 1 millón de empleos al año, mejorar las condiciones laborales, detener la caída del ingreso y satisfacer la demanda de talento de sus sectores productivos. El escenario laboral está cambiando de manera “muy drástica”, dice indica Gerardo García, experto de la consultora Mercer, especializada en recursos humanos. 

En el país hay “una ruptura”, afirma, que hará desaparecer al menos 37% de las habilidades profesionales en áreas administrativas, de manufactura, producción, construcción y de servicios. En cambio, crecerá la demanda de profesionales en ciencias de la computación, ingeniería mecánica y metalúrgica, electrónica y automatización, física, matemáticas, estadística y la big data. Esto es el análisis de grandes conjuntos de datos, que se ha convertido en el insumo más valioso para toda actividad económica, porque permite optimizar recursos, mejorar la calidad de la producción, ahorrar energía e innovar en equipos.

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 México, por el momento, no tiene talento suficiente para satisfacer la demanda de industria y servicios de alta tecnología. “Sin duda hay escasez”, dice García. “La automatización, la hiperconectividad, el cambio tecnológico y la especialización demandan capacidades que no es fácil encontrar hoy entre la población económica activa”, dice. 

 La Comisión Especial de Fortalecimiento a la Educación Superior y la Capacitación para Impulsar el Desarrollo y la Competitividad asegura que a 4 de cada 10 empresas les cuesta mucho trabajo cubrir sus vacantes porque no encuentran a la gente con el perfil adecuado. 

 La paradoja es que “la población en edad de trabajar no encuentra empleo y las empresas tampoco consiguen el talento que necesitan para crecer”, afirma Hays, consultora de recursos humanos, en su Reporte Laboral 2015. Para García, de Mercer, hay una razón en particular: las escuelas siguen educando con base en modelos tradicionales, que no consideran el cambio de paradigma laboral. 

También tiene que cambiar la estructura de las empresas, dice De la Garza, porque 99.2% son pymes que no tienen capacidad para absorber talento. De acuerdo con la Comisión Especial de Fortalecimiento a la Educación Superior y la Capacitación para Impulsar el Desarrollo y la Competitividad hay 4.9 millones de pequeñas medianas empresas que no pueden proveer puestos de trabajo acordes con las condiciones del capital humano. 

 “Aun si todos los jóvenes tuvieran una excelentemente formación, tendríamos expertos en informática conduciendo taxis o vendiendo en la calle”. Hemos llegado al punto donde todos los expertos coinciden: si el país quiere formar parte de la cuarta revolución industrial, avanzar hacia la Industria 4.0 y garantizar que en el futuro habrá más y mejor empleo, es necesario fortalecer la educación, invertir en ciencia y tecnología y amarrar bien la triple hélice que integran academia, gobierno y empresa.

 Para conectar todos los factores y a todos los protagonistas de la escena laboral es necesaria una política de largo plazo, que vaya más allá de las cifras de creación de empleo, coinciden De la Garza y David Castro, investigador de temas laborales de la Universidad Autónoma de Coahuila.

 “Necesitamos saber hacia dónde ir, cómo llegar y cómo queremos vernos en 20 años”, dice Castro.

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